El ‘otro’ como tabú, eso del otro que aleja, pero arde...eso del otro que aleja porque arde. Cuando se sacuden los intestinos, y se eriza la piel, ¿dónde queda el lugar de las convenciones bostezantes y deprimentes que hacen presente a la cosificación y al desencantamiento? ¿Qué asidero tienen? ¿Para qué? Si existen los desparramamientos irreflexivos, los desencadenamientos desmesurados, los temblores que no invaden la inteligencia, sino el sentimiento. Los desdibujamientos de las estructuras que contienen y refrenan. Los des-sujetamientos de las subjetividades de los sujetos. Si existen las señoras que desde algún balcón de una callecita madrileña se desabrochan los corpiños para sentir la voz del viento.
Toco, toco poros, amarras, calas toco, teclas de nervios, muelles tejidos que me tocan, cicatrices, cenizas, trópicos vientres toco, solos solos, resacas, estertores, toco y mas toco, y nada. Prefiguras de ausencia, inconsistentes tropos, qué tú, qué qué, qué quenas, qué hondonadas, qué máscaras, qué soledades huecas, qué sí qué no, qué sino que me destempla el toque, qué reflejos, qué fondos, qué fallebas heladas que no abren, qué nada toco en todo.
viernes, 12 de septiembre de 2008
El ‘otro’ como tabú, eso del otro que aleja, pero arde...eso del otro que aleja porque arde. Cuando se sacuden los intestinos, y se eriza la piel, ¿dónde queda el lugar de las convenciones bostezantes y deprimentes que hacen presente a la cosificación y al desencantamiento? ¿Qué asidero tienen? ¿Para qué? Si existen los desparramamientos irreflexivos, los desencadenamientos desmesurados, los temblores que no invaden la inteligencia, sino el sentimiento. Los desdibujamientos de las estructuras que contienen y refrenan. Los des-sujetamientos de las subjetividades de los sujetos. Si existen las señoras que desde algún balcón de una callecita madrileña se desabrochan los corpiños para sentir la voz del viento.
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