Últimamente Baudelaire no me deja en paz. Al encarnizado defensor del arte por el arte se le da por tocar el timbre justo los días en que tengo ganas que todos los timbres se sequen. Hubo un día en que yo era una prolongación de la cama, era puro colchón. Me hundí boca abajo hasta sentir cómo los resortes presionaban contra mi esternón, y los imaginé rompiendo la carne y enroscándose entre las costillas. Casi consigo que se salieran por la espina dorsal pero los murmullos de Charles me desconcentraban. No estaba sólo. Otra voz ronca, intermitente, que escupía un francés bastante malo lo acompañaba. Bukowski, pensé. Vino con Bukowski. Bajé hasta el comedor inundado de moléculas de etilo que ofrecían un ballet a contribución. Baudelaire dejó su vaso de whisky y me alcanzó una taza de café alicorado. Bukowski tragó un poco de su vino, se secó la boca con la mano y, dirigiéndose a Baudelaire, largó sinsoltarmelamirada: “Sólo cuando el espíritu se desvanece aparece la forma, ¿o no Charles?”. Y qué te va a contestar él, justo él, que quiere revolucionar la mirada, que quiere romper el vínculo entre la ética y la estética, entre el arte y la moral. “Claro, Bukowski, claro”. Me estás provocando Bukowski. Y vos, ¿para qué lo trajiste? Saben que comulgo con su nihilismo moral y con su cínica desenvoltura, ¿qué más quieren? Se habían enterado de algunas propuestas que me habían llegado hacía un tiempo, yo todavía no había decidido qué hacer. Baudelaire me miraba, expectante, Bukowski me miraba borracho y yo los miraba y pensaba qué viejos estaban los dos, igual de viejos, y eso que se llevaban alrededor de cien años. ¡¿Qué miran?! Todavía no sé que voy a hacer. No sé que voy a hacer. La lógica entre el ser y el hacer me tiene algo preocupada. Me divide, me fracciona. Y en la cabeza las ideas se van devorando unas a otras. Unas y otras se acuestan y nacen híbridos, malditos híbridos que confunden. Y al grito de inmoralizar el arte llegan ustedes, y saben que la parte escindida de mi ser quiere irse a marear con ustedes, lo saben. Mirá a Bukowski, ya está muy borracho, quiere irse a escribir un poema de amor a una chica que hacía striptease. ¿Pero ya no había escrito uno así? A una tal Rosalie, cuando las noches todavía eran verdes, púrpuras y rosas, y él era un chico con la cara llena de granos. Sí, sí que lo veo, está muy borracho. Está bien, vayan. Sí, claro que nos vemos. Si al final soy yo la que les pido que no me dejen en paz. ¡Mierda! Al final soy yo.
1 comentario:
Hola nena!!!
Acabo de encontrar tu blog recien!
Me gusto mucho!
Espero que estes bien y mucha suerte en todo...
Besotes!
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